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“Un canto por la vida”: una promesa de libertad
Giovanni y Narciso son homicidas. Observan tranquilos cómo el pequeño kiosco que está en el Centro Penitenciario El Castillo, es inundado por el arsenal de instrumentos musicales y artistas que ofrecerán el concierto “Un canto a la vida”.


El Instituto de Cultura de Mazatlán que dirige Raúl Rico González con  apoyo de las autoridades del penal habitado por 1 mil 233 reos, presentó  un concierto de alto nivel que logró despertar las emociones de quienes suelen ser olvidados y rechazados por la sociedad.

Un  grupo de internos observa el concierto bajo una lona; el resto desde las bancas, a los alrededores del kiosco, sobre el suelo o a la distancia.   Se trata de un evento rarísimo que, dice Giovanni, es algo muy preciado para ellos y que toman como un regalo.

Si la noche del pasado viernes el maestro Enrique Patrón De Rueda dirigió en el Teatro Ángela Peralta a este gran contingente de talentos que incluye al Coro Guillermo Sarabia, la Camerata Mazatlán y un puñado de destacados valores de la ópera nacional; ahora están bajo un cielo rebelde que manda una nube y luego deja que el astro rey se asome con rabia contra la tierra agrietada del penal.

Y la música queda libre con un “Popurrí mexicano” que incluye a “Marieta” y “La Bamba”, sale a pasear el altivo “Toreador” de la ópera “Carmen” y la belleza de “La leyenda del beso” flota entre los muros del penal de El Castillo igual que las pequeñas mariposas blancas y amarillas que revolotean en el aire creando un silencio que todo lo envuelve hasta que el público rompe en un aplauso cargado de emoción y gratitud.

“Es difícil padrino. Tengo catorce años aquí y me quedan otros diez. Aquí no hay amigos, todos somos compañeros de presidio. El único amigo es Dios, hoy es mi cumpleaños y afortunadamente me tocó esto”, dice Giovanni al tiempo que el aria “O´mio Babbino Caro” deja, por un instante, en la piel de los reos, los custodios, los artistas y todo cuanto allí existe, la sensación de una perfecta gracia.

“Mis labios son tan ardientes como el fuego”, anuncia la soprano Jéssika Arévalo arrancando los chiflidos y gritos de la población con esta aria de la comedia musical “Giuditta” de Franz Léhar quien jamás imaginó que en un lugar llamado Mazatlán su pieza sería bailada por “El chicles”, un interno que azotó de risa a propios y extraños.

Y si la pieza anterior fue un momento hilarante “Amor eterno” caló hondo en el alma de todos los presentes que de forma tímida coreaban la canción evocando a alguien que se fue, la luz querida que asomó en su corazón con este “Canto a la vida”.

“El Sinaloense” cerró con energía la presentación y tan pronto callaron los instrumentos sonaron los silbatos que anunciaban que los internos debían volver a sus celdas. Pero antes, por grupos, con una sonrisa, se acercaron a los músicos, al maestro Patrón De Rueda, para tomarse una foto y agradecerles vivamente por llevar un momento de esperanza y alegría a sus vidas.

“Estoy convencido de que la violencia social que vivimos es producto de la falta de contacto con la cultura y las artes, algo que nos permite volvernos sensibles y desear ser mejores”, señaló el director concertador al tiempo que un grupo de internos, en pleno despliegue de disciplina militar partió del lugar bajo el lema “Hoy soy mejor que ayer, mañana seré mejor que hoy”.

Giovanni y Narciso son homicidas. Dos hombres que anhelan el día de su liberación y que este sábado pudieron atisbarla en este “Canto por la vida”.